Por Nicanor González del Solar
La Patagonia siempre me fascinó por su amplitud, por la variedad de sus paisajes y su fauna y, principalmente, por la radicación de colonos de diferentes partes del mundo. Por supuesto, no me olvido de los grupos originarios, los tehuelches y los mapuches, que desarrollaron sus artesanías, su solvencia para la caza y, principalmente, su amor a la tierra .
El año pasado, 2009, cuando visité por última vez Esquel, tuve el privilegio de pasear en el admirable tren de “La Trochita” y llegar hasta la estación Nahuel Pan. Allí estaban los descendientes de esos primeros pobladores que ofrecían el resultado de su fantástico trabajo manual: prendas de vestir, utensilios para la cocina, pinturas y adornos. Fue grato redescubrir esa cultura indígena y conversar con sus descendientes.
Conozco la fascinante historia de Esquel y la gravitación que tuvieron los primigenios galeses, quienes escaparon de Europa y encontraron “La Tierra Prometida”. Sé que Esquel es una extensión de la Colonia 16 de Octubre, donde inicialmente se establecieron los colonizadores galeses. Estos duros extranjeros, a comienzos del siglo XX, decidieron quedarse y adoptar al valle como su hogar definitivo.
Después sucedió algo notable: los apellidos galeses se mezclaron con los de los nativos, con los españoles, los italianos y los sirio-libaneses. Varios de esos nombres son los que, ya en el tercer milenio, caracterizan a la gente de Esquel y de las ciudades vecinas.
Respecto del Tetratlón, creo que presencié cuatro o cinco ediciones, en las década del ´90. Al primero que conocí fue a Gustavo Freeman, un ícono de los super hombres de Esquel. Freeman brilló en San Martín de los Andes, en las primeras ediciones de esa rareza que, para un porteño como yo, era el “Tetra”. ¿Era posible que estos individuos pudieran esquiar, correr sin pausas hacia arriba y abajo con su mountain bike, dar vueltas en el lago Lacar y, por último, trepar y correr por las montañas próximas a la ciudad? Sí, podían.
Después de Freeman irrumpió otro super hombre: una mezcla rara de mapuche y de galés, llamado Germán “Loli” Roberts. Bajo pero forzudo, sencillo pero sagaz, poco locuaz pero muy simpático. A los 20 años ya era duro como un roble. Brilló en San Martín de los Andes y, por supuesto, se transformó en una leyenda en su ciudad, Esquel.
Los orígenes del Tetratlón de Esquel, creado por otro descendiente de galeses, Duggy Bergwyn, fueron muy curiosos: los protagonistas formaron equipos y compitieron en esquí, pedestrismo, cabalgatas, ciclismo, motociclismo y tuvieron que… ¡ disfrazarse! Pero eso no era todo, como se informa en la reseña sobre las dos décadas de “Tetra”: los tres primeros grupos entraron a un predio y tuvieron que… ¡Atrapar un lechón! ¡ Fantástico!
En los ´90 llevamos las cámaras de mi programa “Deporte en Acción” y, como llegábamos a canales de toda la República Argentina ( y de países vecinos) , muchos compatriotas descubrieron esta extenuante competencia, sólo reservada para super hombres o para super mujeres. En esa primera oportunidad conocí la “subida del Loly”, una colina sólo domada por el exuberante Germán Roberts, quien la trepaba arriba de su bicicleta. Los otros participantes debían bajarse y cargar su rodado en la espalda.
Entre los recuerdos imperecederos del “Tetra” de Esquel está la vez en que compitió el platense Leandro Román. Este admirable deportista carecía de una pierna pero esa limitación no le impedía jugar al fútbol con sus muletas, nadar, movilizarse con su bicicleta , correr apoyado en sus muletas y esquiar con una sola tabla. Leandro, contra los consejos de sus médicos y sus padres, resolvió participar de los “Tetratlones” de San Martín de los Andes y de Esquel.
En La Hoya encontró Román los primeros inconvenientes, porque , en un momento, quedó hundido en la nieve y tuvo que arrastrarse para recuperar su esquí. Después, ya fuera del camino de descenso de las pistas, chocó con el desafío de la estepa para su bicicleta, impulsada por una sola pierna. Pero el platense era tan tenaz que llegó al Parque Cerrado, subió a su bote y dio las vueltas en la Laguna La Zeta. Pero, cuando retornó a tierra , estaba extenuado y no se sabía si tendría resto para cumplir con los 12 kilómetros de “trekking”. Se fue y nosotros nos quedamos en la llegada, grabando y aplaudiendo a los que finalizaban la competencia, tanto a los que lo habían hecho en forma individual como los que pertenecían a equipos.
Pasó el tiempo y Leandro no aparecía. Se oscureció el cielo y el frío se hizo más intenso. Fue allí cuando el super hombre máximo, Loli Roberts, decidió salir y correr tras el rastro de Román. Otros participantes, ya recuperados de su agotamiento, siguieron los pasos de Germán. Poco después se produjo una de las experiencias más emotivas que viví en mis años de periodista deportivo: los espectadores no se habían movido, expectantes por saber qué le había pasado al muchacho de una sola pierna. Cuando caía la tarde, vimos a lo lejos un grupo que corría sin apuro: delante iba Leandro Román y , a su lado, el ganador del Tetra Loli Roberts. Muy cerca, los otros protagonistas. La gente hizo una calle y el esforzado bonaerense llegó a la meta, aplaudido, palmeado, admirado. Su cara reflejaba alegría, orgullo, satisfacción porque había llegado a la meta. Un instante inolvidable.
Me detuve en ese Tetratlón de 1994 porque, para mí, fue un símbolo. Cuando estoy en clase y los alumnos me piden que les dé ejemplos de deporte puro, expongo dos casos: 1) el que viví como parte de los primeros Pumas, los de 1965, cuando hicimos una larga gira por Sudáfrica y, para sorpresa del mundo del rugby, le ganamos a los poderosos Junior Springboks. Todos éramos amateurs y sólo nos empujaba el honor y el orgullo por representar a la Argentina.
2) El otro caso es el del Tetratlón de Esquel de ´94 cuando el esfuerzo , la amistad , la preparación atlética de individuos excepcionales desplegaron un esfuerzo titánico y, en esa prueba combinada, los protagonistas honraron al último y lo acompañaron hasta el final. Hoy, Leandro Román es Profesor de Educación Física y siempre recuerda con satisfacción sus andanzas por Esquel.
Seguro que, en la edición N° 20 de esta fenomenal prueba cuádruple , surgirá otro Loli, otro Freeman , otro Fabián Vera u otro Leandro Román.
Será un privilegio para mí presenciar, en el 2010, el Tetratlón de los super hombres de Esquel.
NICANOR GONZÁLEZ del SOLAR